Juramentos de lealtad y nacionalismo en Israel Juramentos de lealtad y nacionalismo en Israel

Neve Gordon. CounterPunch. Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

 ¿Estarían dispuestos Meryl Streep, Spike Lee, Tim Robbins o Susan Sarandon a prestar juramento de lealtad a EE.UU. y sus políticos a fin de recibir financiamiento público para películas de largo metraje en las que actúan, dirigen o producen? En Israel, el miembro de extrema derecha de la Knesset [parlamento] Michael Ben Ari ha propuesto una ley que exigiría que todos los equipos de filmación juren fidelidad a Israel como Estado judío y democrático y declaren su lealtad a sus leyes y símbolos, como condición para recibir financiamiento público. Es sólo una de más de diez leyes que serán discutidas durante la sesión de invierno de la Knesset que diferentes comentaristas en Ha’aretz han caracterizado como protofascistas.

Como en la mayoría de las democracias, todos los nuevos ciudadanos israelíes deben declarar su lealtad al Estado y a sus leyes, pero el gabinete decidió el mes pasado apoyar (22 a favor, 8 en contra) una enmienda a la ley de ciudadanía de Israel que requeriría que todos los ciudadanos recién naturalizados declaren su lealtad al carácter judío del Estado. En Gran Bretaña eso sería como exigir que judíos, musulmanes y ateos que deseen convertirse en ciudadanos declaren su lealtad no solo a las leyes del Reino Unido, sino también a la Iglesia de Inglaterra.

La Asociación por los Derechos Civiles en Israel ha señalado que esta enmienda, que pronto se convertirá en ley, es la punta de un iceberg. Algunas de las leyes que están siendo consideradas por la Knesset con buenas probabilidades de ser ratificadas convertirían el apoyo a una ideología política alternativa, como la idea de que Israel debería ser una democracia para todos sus ciudadanos, en un crimen.

Una enmienda propuesta a la ley existente contra la incitación, por ejemplo, estipula que la gente que niegue el carácter judío de Israel será arrestada. Esta extensión del código penal, que ya ha pasado su lectura preliminar, incrimina una opinión política. Otra ley establece la base para rechazar candidatos a membresía en asentamientos comunales construidos en terrenos públicos si no están de acuerdo con los puntos de vista políticos del comité del asentamiento o están adheridos a una religión diferente. Lo que se pretende es legalizar que se niegue que ciudadanos palestinos de Israel tengan acceso a aldeas judías.

Otra ley que ya ha pasado su lectura preliminar estipula que se nieguen fondos a instituciones que conmemoren la Nakba palestina de 1948. Es como negar financiamiento público a escuelas en EE.UU. que deseen conmemorar la esclavitud o los crímenes perpetrados contra los americanos nativos.

Hay una ley contra gente que inicie, promueva, o publique material que pueda servir de base para imponer un boicot contra Israel. Según esta propuesta de ley, que también ha pasado una lectura preliminar, se condenará a cualquiera que sea probado culpable de apoyar un boicot a que pague a las partes afectadas unos 8.000 dólares sin que el demandante tenga que demostrar daño alguno.

Finalmente, ocho miembros de la Knesset proponen una ley para prohibir que residentes de Jerusalén Este operen como guías turísticos de la ciudad, privando potencialmente a cientos de personas su trabajo. La justificación de esto es que los residentes palestinos de Jerusalén no deberían ser guías certificados porque no representan suficientemente bien ‘y de manera apropiada’ el interés nacional de Israel.

La repentina crecida de estas leyes en esta coyuntura histórica no es una casualidad. La lucha entre la demanda democrática de que todos los ciudadanos sean tratados por igual y el ideal híper nacionalista del sionismo parece haber sido determinada de una vez por todas: la aspiración del sionismo de promover valores democráticos está siendo reemplazada por sus principios nacionalistas.

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Neve Gordon es un activista israelí y autor de Israel’s Occupation (University of California Press, 2008).

Publicado primero por London Review of Books.

Fuente: http://www.counterpunch.org/gordon11052010.html

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