Palestina: ¿Qué es lo que ves si te acercas?  Palestina: ¿Qué es lo que ves si te acercas?

Muros, campos vallados, alambradas, refugiados, asentamientos, checkpoints… Kike ha viajado este verano a Palestina con Sodepaz. Días después nos cuenta sus impresiones.


He viajado a Palestina, la he sentido y la he querido.

He sentido muchas cosas y sólo puedo contar algunas:


He escuchado decir a un campesino que ellos plantan
geranios y los israelíes muros, he visto los geranios y los muros, después contando lo que le ocurrió delante de una casa destruida le he visto llorar y he llorado, más tarde le he oído cantar y he cantado.

He visto los campos de vides y olivos divididos por alambres y muro, he escuchado a su dueño contarnos cómo los invadieron, le he visto cómo se enrojecía su mirada y he llorado.

He visto el muro muy de cerca y lo he tocado, lo he empujado pero no se ha movido.

He visto una pelota en lo alto de las alambradas, he saltado pero no he llegado.

He escuchado la problemática de las mujeres, de los enfermos, de los ancianos, de los discapacitados, de los presos políticos (ahora mismo hay 6.508) y me he sentido como cada uno de ellas y ellos.

He recorrido campos de refugiados y me he sentido apartado, olvidado y discriminado.

He visto repartir lotes de comida desde un camión de U.N. y todavía no sé que pensar.

He visto agujeros de bala en bidones de agua, los he tocado y estaban secos.

Me han contado los problemas con su agua y he tenido sed.

He visto los asentamientos de los colonos en los altos y dentro de las ciudades y por su culpa he visto muchas tiendas cerradas (en Hebrón un 76%).

He pasado controles del ejército, me han mirado, me han cacheado y se han burlado, he sentido asco y dolor.

He visto casas con agujeros de bala y mortero y he sufrido.

He estado en una manifestación y he gritado, he visto detener a personas y me he apartado, he visto la cara de odio de la policía y he cerrado los ojos, he levantado los brazos y he sentido rabia.

He estado en los Altos del Golan, he visto un país invadido y he regresado ofendido.

He visitado los “Santos Lugares” y no me he sentido turista, ni cristiano, ni judío, ni musulmán, sólo humano.

He oído rezar, pero no he podido.

He atravesado el barrio ultraortodoxo y he salido sucio.

Me he bañado en el Mar Muerto y he salido vivo y limpio.

Me han hecho tener miedo, he querido no tenerlo, pero no sé si me han podido.

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