Posponiendo las elecciones locales en Cisjordania. Un problema de democracia Posponiendo las elecciones locales en Cisjordania. Un problema de democracia

POSPOSICIÓN DE LAS ELECCIONES. La reciente noticia de una posposición de las elecciones municipales palestinas no ha tenido mucho eco fuera de Palestina, como si nadie hubiese estado realmente convencido de que el proceso electoral previsto fuese a tener lugar el 17 de julio, tal como estaba planeado

La decisión de posponer las elecciones se tomó el 10 de junio por parte del gabinete de la Autoridad Palestina, aproximadamente un mes antes de la fecha programada para las elecciones, y coincidiendo con la fecha límite fijada para la entrega de listas electorales a la Comisión Electoral Central Palestina (CEC).

Oficialmente, la principal razón esgrimida para la posposición es la situación en la Franja de Gaza, especialmente tras los ataques israelíes a la Flotilla de la Libertad a finales de mayo. De acuerdo con el comunicado de prensa publicado por el Ministerio de Gobernación Local, se llegó a esta decisión como resultado de la presión ejercida por algunos países árabes y una serie de “amigos de todo el mundo” para que “se allanase el camino que lleve a un final satisfactorio al sitio de Gaza y una continuación de los esfuerzos para la unidad.”

Sin embargo, casi todos los partidos políticos de Cisjordania han rehusado aceptar la decisión gubernamental de posponer las elecciones locales, y la mayoría ha emitido declaraciones públicas de condena. Hace unos días, Khalida Jarrar, del Consejo Legislativo del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), declaró que “el expediente legal que ha de presentarse al Tribunal está listo. Este expediente ha sido preparado por algunos partidos políticos y organizaciones de derechos humanos: la queja se dirige contra los ministros del Gocierno que emitieron la decisión de la posposición.” El Dr. Majdi Jabari, representante de una lista política independiente (Hebron Our City), candidata a las elecciones municipales de Hebrón, declaró que esta posposición “destruye la esperanza en Hebrón e, incluso, el proceso democrático.” Confirmó que hay movimientos que están siguiendo el caso legal que están dispuestos a presentar una queja oficial. Por su parte, el Dr. Ali Abu Znaid, miembro de la lista política de la ciudad de Dura –fundada como alianza entre el FPLP y Mubadara-, hacía las siguientes manifestaciones: “Además de las declaraciones emitidas contra la decisión, en los próximos días lanzaremos una campaña de presión con pósters y otros medios.” También apeló a las organizaciones de la sociedad civil para que den un paso adelante, expresen su descontento y verbalicen su rechazo a la posposición de la Autoridad Palestina.

Una iniciativa legal emprendida por políticos, partidos y movimientos sociales, es, sin duda, un paso importante, aun cuando no haya llegado el momento de juzgar las consecuencias concretas de estos actos. Una cuestión importante fue la que planteó Husam Khader, ex miembro del Consejo Legislativo y uno de los líderes más prominentes de Fatah. Durante un programa de televisión emitido en Watan TV, afirmó que “no existe relación entre la decisión de cancelar las elecciones municipales y la reconciliación entre Fatah y Hamas.” Al contrario de lo que argumentaba el Gobierno –que la posposición es una forma de abrir la puerta a un acercamiento entre las dos fuerzas políticas más improtantes de Palestina–, Khader planteó que el problema radica en el hecho de que, al crear las listas de candidatos, el partido Fatah estuvo influido por el tribalismo y las divisiones internas. Para Khader, la estructura de Fatah sigue sometida a una fuerte presión por parte de grandes familias y tribus, y este tribalismo es perjudicial para la eficacia del trabajo y las iniciativas de Fatah como partido político.

DEMOCRACIA EN PALESTINA. Casi un mes más tarde, llega el momento de considerar el impacto de estos eventos en el contexto mayor del proceso democrático de Palestina. En este contexto, la cronología está lejos de ser irrelevante: la decisión fue tomada y comunicada unas pocas horas antes del plazo límite para el registro de listas de candidatos. Además de los tiempos utilizados, también son importantes los actores políticos: la posposición fue programada por el Gabinete de Ministros, no por el Comité Electoral Central, sin debate ni coordinación con los partidos y las organizaciones de la sociedad civil. En este marco, la decisión supone una amenaza para el proceso democrático en general, y también afecta negativamente a la credibilidad del estado de derecho en Palestina. Denunciada por muchos líderes, intelectuales y escritores, la vida democrática en Palestina no está siendo respetada y atraviesa actualmente una profunda crisis, con cada vez más gente desilusionada con la presente situación. Algunas preguntas caen por su propio peso: ¿Los líderes políticos palestinos están gestionando seriamente el proceso electoral? Y ¿cómo debería representarse a los movimientos de la sociedad civil en respuesta a esta situación?

Esta posposición de las elecciones municipales es el segundo acto en la interminable función de las elecciones palestinas escenificada durante los últimos meses. Las elecciones legislativas y presidenciales, anunciadas inicialmente en julio 2009, estaban programadas para el 25 de enero de 2010, pero fueron revocadas en noviembre. El mandato de Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, terminó en enero de 2009, con el Consejo Legislativo Palestino en enero de 2010. La situación política palestina parece estar atrapada en las consecuencias del cisma entre Fatah y Hamas tras las elecciones nacionales de 2006, y la victoria de Hamas en el Consejo Legislativo Palestino (CLP) y su consiguiente toma de control de la Franja de Gaza, agravada por la separación preexistente de Gaza y Cisjordania por un sistema de control y puestos fronterizos impuestos por el ejército israelí. La división de 2006 fue la confirmación política de una separación de hormigón ya existente. La parálisis de la democracia palestina, sin embargo, tiene unas raíces y unas motivaciones más profundas, ligadas a la crisis de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y la institución de la Autoridad Palestina durante el proceso de Oslo en 1990. La marginalización del Consejo Nacional en el marco de la OLP sigue la misma senda, como destacó Adnan Ramadan, director de la Iniciativa de Defensa de la Palestina Ocupada y los Altos del Golán Sirios (OPGAI por sus siglas en inglés). “Si observamos el papel del Consejo Nacional desde su nacimiento, vemos que ha ido decayendo constantemente cada década,” apuntó Ramadan. Entre 1964 y 1973, el Consejo Nacional celebró diez sesiones; entre 1973 y 1983, fueron cinco sesiones; y entre 1983 y 1993, sólo cuatro. Desde Oslo (1996), sólo se ha celebrado una sesión, y, además, con el único propósito de votar sobre los Acuerdos de Oslo. Esta tendencia beneficia a la Autoridad Palestina porque le ha permitido usurpar el papel del Consejo Nacional Palestino en el plano internacional.”

El Consejo Legislativo Palestino, el parlamento palestino, fue elegido por primera vez en 1996. En ese momento, y hasta noviembre de 2004, no obstante, el poder de la toma de decisiones recayó en Yasser Arafat. Tras su muerte, creció la necesidad de una nueva consulta electoral y desembocó en las elecciones presidenciales de 2005 y las elecciones legislativas de 2006. El conflicto subsiguiente, que dividió a Hamas y Fatah, a la vez que a Cisjordania y Gaza, es la herida interna más grave.

El Centro Palestino de Derechos Humanos, en su informe sobre las elecciones municipales, recalcó que “es imposible celebrar unas elecciones transparentes e imparciales, que reflejen la voluntad del electorado, sin proporcionar las condiciones adecuadas y garantizar las libertades públicas, lo cual significa poner fin a las violaciones de derechos humanos, incluidas las detenciones políticas; repetar los derechos de libertad de opinión y expresión, y de libertad de asociación; así como asegurar la libertad de actividad política para todos los partidos y facciones. Estas condiciones no se están dando ahora mismo en el panorama palestino, sujeto a la división política actual, lo que ha originado un deterioro sin precedentes de la situación de los derechos humanos en Cisjordania y la Franja de Gaza.”

QUÉ DEMANDAR Y EN QUÉ TRABAJAR. Los territorios palestinos, unas tierras ocupadas y divididas entre Cisjordania y la Franja de Gaza, están especialmente necesitados de un liderazgo y una vida política democrática, tanto a escala local como nacional. El sistema político en Palestina necesita urgentemente de reformas que reactiven el trabajo legislativo de las instituciones democráticas, y que clarifiquen y deleguen las responsabilidades políticas en la Autoridad Palestina. Al mismo tiempo, a escala global, la comunidad internacional ha estado promoviendo miles de seminarios, talleres y proyectos de ONG centrados en los derechos humanos, sin llegar a intervenir para establecer una democracia justa en Palestina, mediante la presión para que finalice la división Fatah-Hamas.

Esta posposición revela la existencia de un movimiento político dispuesto a proteger el derecho legal a votar. La medida de presión más eficaz sería pasar ahora de las circunstancias actuales de las elecciones a la raíz del problema. El movimiento debería apelar a las condiciones y la cultura de la sociedad. Los movimientos sociales palestinos, incluidos los partidos políticos, deberían revisar experiencias previas y debatir sobre los cambios necesarios en la cultura política de la democracia cotidiana de Palestina. Una de las prioridades de cara a restablecer los derechos sociales y políticos de forma generalizada, sería la constitución de una alianza amplia y duradera compuesta de movimientos sociales y partidos políticos, que promueva los derechos civiles y políticos de Palestina y sea capaz de garantizar un proceso democrático saludable. La posibilidad de crear una nueva consciencia y cultura política es la cuestión “sagrada” de cualquier democracia, y es ahora el principal reto de la vida política en Palestina. Este cambio debería figurar en lo más alto de las agendas de todas las instituciones políticas, desde las pequeñas organizaciones hasta los mayores organismos institucionales; el objetivo debería consistir en lograr un sistema de control mutuo entre todas las instituciones y poderes.

Las raíces de esta parálisis se encuentran en las recientes elecciones de 2006, y en las divisiones entre Fatah y Hamas, al margen de quién tenga la razón; pero el problema principal es que esta posposición ahonda la decepción de la gente, destruyendo su confianza en la política. La sociedad palestina en general ha dejado de tener fe en el proceso democrático. La democracia debería ser uno de los temas principales en la agenda de los movimientos sociales de Palestina: el respeto a los derechos políticos y civiles depende de la vivacidad y la eficacia de la esfera social.

Esta cuestión, a su vez, da pie a dos preguntas fundamentales: ¿Es el proceso democrático exclusivamente un procedimiento legal? Y, profundizando aún más, ¿es Palestina una democracia? Las elecciones son el ejemplo más simple de la vida política de cualquier sociedad, pero para el pueblo palestino son la práctica democrática más evidente. Los partidos políticos no tienen el derecho de posponer unas elecciones; a ellos les corresponde ser buenos y fiables servidores de la democracia. Lo ocurrido revela hasta qué punto los movimientos sociales y los partidos y facciones políticas de Palestina son entidades débiles e incapaces de defender los derechos civiles, en la medida en que no han tratado la democracia como una de las demandas principales del pueblo. El proceso democrático debería ser el tema principal, y los movimientos sociales deberían ser el pilar de esta democracia.
La fecha, el método y la justificación de la posposición fuerzan a uno a plantear la cuestión de si Palestina está atravesando una fase de caos, anarquía y ausencia total de respeto político. En primer lugar, durante las últimas dos décadas, la vida política en Palestina ha quedado desgarrada por las divisiones, y se ha debilitado progresivamente (desde 1996, el Consejo Nacional ha celebrado un número muy reducido de sesiones). En segundo lugar, la sociedad civil padece un individualismo cada vez mayor; un ejemplo de esto es la ausencia de protestas públicas contra la posposición de las elecciones municipales. A pesar de los miles de ONG y talleres, el movimiento de base palestino no ha alzado la voz.

El problema no estriba en la burocracia, sino en la autenticidad misma de la democracia.
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