Boicot, desinversiones y sanciones contra el Estado de Israel, una campaña desde y para Palestina Boicot, desinversiones y sanciones contra el Estado de Israel, una campaña desde y para Palestina

Alejandro Fierro

Plataforma Solidaria con Palestina de Valladolid

 

Rebelión

 

 

Esta es la transcripción del taller sobre Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el Estado de Israel impartido por el autor el 25 de agosto de 2011 en la II Universidad de Verano de Izquierda Anticapitalista, que tuvo lugar en Banyoles, Girona. Aunque se ha conservado el espíritu del taller, ciertas expresiones se han modificado para acomodarse mejor al lenguaje escrito. Asimismo, se ha introducido nuevo material para completar y mejorar la exposición.

 

BREVE HISTORIA DE LA OCUPACIÓN DE PALESTINA. SITUACIÓN ACTUAL

La ocupación de Palestina es el proceso colonizador más largo de la historia contemporánea y también el que afecta a un mayor número de personas: 11 millones. Algunas historiadoras consideran que la colonización comenzó en 1967 con la ocupación de Jerusalén Este, Gaza y Cisjordania tras la Guerra de los Seis Días. Otras sitúan el inicio en el Plan de Partición de Naciones Unidas de 1947, la posterior creación unilateral del Estado de Israel y la guerra que se saldó con la expulsión de 750.000 palestinas, la destrucción de 500 ciudades, pueblos y aldeas y la invasión y anexión por parte de Israel de tierras palestinas. Es lo que las palestinas llaman la Nakba o Catástrofe, hecho que recuerdan cada 15 de mayo.

 

Sin embargo, otras personas –y yo me encuentro entre ellas- sostienen que la colonización comenzó en 1882 con la creación de la primera colonia de judías procedentes de Europa con mentalidad protosionista. El nombre de esa colonia evidenciaba la vocación expansionista e invasora de sus fundadoras: Rosh Piná, palabras hebreas que significan “piedra angular” y hacen referencia a esa “rosh piná” citada en la Torah judía y en el Antiguo Testamento cristiano sobre la que se construiría el Templo de Jerusalén. Por tanto, la colonia Rosh Piná sería la piedra angular sobre la que se llevaría a cabo la invasión y colonización de Palestina. Por cierto, Rosh Piná aún existe.

 

De esta forma, la Nakba o Catástrofe no sería una fecha determinada o un acontecimiento concreto, sino un proceso que comienza en 1882 y que aún continúa. Cada día de ocupación es un día de Nakba, un día de Catástrofe para el pueblo palestino.

 

Todo este proceso está jalonado de sucesos más o menos conocidos: las masivas migraciones judías de finales del siglo XIX al periodo de entreguerras; las primeras revueltas palestinas; el Plan de Partición de Naciones Unidas y la guerra de 1948; la guerra del Canal de Suez de 1956; la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), la Guerra de los Seis Días de 1967 y la ocupación de Jerusalén Este, Cisjordania, Gaza y los Altos del Golán; la Guerra del Yom Kippur de 1973; la primera invasión del Líbano de 1982; la primera Intifada; los Acuerdos de Oslo; la creación de la Autoridad Nacional Palestina; la Segunda Intifada; la construcción del Muro; la segunda invasión del Líbano; el golpe de estado contra el Gobierno legítimo de Hamás; el bloqueo a la Franja de Gaza; la Operación Plomo Fundido…

 

Sin embargo, hay otra Nakba menos conocida pero que también es Catástrofe y me atrevo a decir que es la verdadera Catástrofe, mientras que los acontecimientos anteriormente citados son consecuencias de esa situación. Me refiero al día a día de la ocupación: nuevos asentamientos que se levantan; la expulsión de palestinas de una zona; la demolición de sus casas en otra; dos personas asesinadas un día; varias arrestadas al siguiente; el robo continuado de tierras, hectárea a hectárea; nuevos tramos del Muro; los checkpoints que impiden una vida normal y convierten cualquier desplazamiento, por breve que sea, en una odisea; los olivos arrancados; los campos quemados por las colonas con la protección del Ejército de Israel…

 

Esa es la verdadera Nakba, la verdadera ocupación. Una ocupación que tiene lugar fuera de los focos mediáticos y, por tanto, es desconocida para el gran público.

 

Tras 130 años de colonización la situación actual del pueblo palestino es la siguiente:

  • Jerusalén Este, Gaza y Cisjordania se encuentran bajo ocupación desde la Guerra de los Seis Días de 1967. Son los llamados Territorios Ocupados Palestinos, donde viven más de cuatro millones de personas. La Resolución 242 de Naciones Unidas obliga a Israel a retirarse de estas zonas, algo que, obviamente, no ha hecho. Todo lo contrario, sigue apropiándose de terrenos y transfiriendo allí a su población. Esta práctica es contraria no sólo a la Resolución 242 sino también a la Convención de Ginebra, que prohíbe taxativamente a una potencia ocupante transferir a su población al territorio ocupado.
  • Un millón y medio de personas palestinas vive dentro del Estado de Israel y tiene ciudadanía israelí. Son las llamadas Palestinas del 48, aquellas personas que se resistieron a la limpieza étnica llevada a cabo por Israel en la Guerra de 1948 y sus descendientes. A pesar de tener la ciudadanía israelí están sometidas a una completa discriminación legislativa, judicial, económica y social que encaja con la definición de Apartheid de Naciones Unidas.
  • Más de seis millones de personas tienen la condición de refugiadas. Residen principalmente en campamentos en Líbano, Siria, Jordania, Irak, Cisjordania y Gaza. La Resolución 194 de Naciones Unidas reconoce a las refugiadas palestinas el derecho a regresar a sus hogares. También la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Israel no sólo no ha permitido su retorno, sino que continúa expulsando a palestinas en esa silenciosa Nakba diaria.

 

Es importante tener clara la situación de los diferentes sectores de población palestina y las leyes internacionales que, al menos sobre el papel, protegen sus derechos porque en ellas se basan las exigencias de la Campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el Estado de Israel. 


EL NACIMIENTO DE LA CAMPAÑA DE BOICOT, DESINVERSIONES Y SANCIONES CONTRA EL ESTADO DE ISRAEL


En el año 2004, la Corte Penal Internacional, uno de los altos tribunales adscritos a Naciones Unidas, decretó la ilegalidad del trazado del Muro e insta a Israel a demolerlo. Como es habitual, Israel ha desobedecido el mandato de la Corte.

 

Sin embargo, este nuevo incumplimiento israelí de la legislación internacional, uno más de una larga lista, ejerció como “gota” que rebosó el vaso de la paciencia de las organizaciones palestinas: el 9 de julio de 2005, un grupo de organizaciones de base palestinas lanzó el Llamamiento de la Sociedad Civil Palestina para el Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el Estado de Israel hasta que cumpla con el Derecho Internacional y con los Principios Universales de los Derechos Humanos. Es lo que conocemos como la Campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones, campaña BDS.

 

Obviamente, hay precedentes: nada surge de la nada. En 2002, intelectuales y universitarias palestinas, tanto del territorio de la Palestina Histórica como del exilio, hicieron un llamamiento al boicot económico, cultural y académico de Israel. En 2003 se hizo otro llamamiento para el boicoteo de instituciones académicas. En 2004 se constituyó en Ramala la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural de Israel –o PACBI, por sus siglas-, un movimiento que en su trayectoria y desarrollo convergerá con el BDS.

 

Más lejos en el tiempo y también en el espacio hay otro precedente claro: la campaña de bloqueo internacional al régimen racista del Apartheid sudafricano. En este sentido, hay que señalar que las características de la ocupación israelí encajan con la definición de Apartheid de las Naciones Unidas: “Actos inhumanos cometidos con el fin de instituir y mantener la dominación de un grupo racial de personas sobre cualquier otro grupo de racial de personas y de oprimirlo sistemáticamente”. Naciones Unidas califica al Apartheid como un crimen de lesa humanidad.

 

ANÁLISIS DEL LLAMAMIENTO DE LA CAMPAÑA BDS

1.- ¿Quién lanza el Llamamiento?


El Llamamiento está suscrito por 170 organizaciones, tanto de la Palestina Histórica y del exilio. Entre las entidades firmantes hay sindicatos, partidos políticos, organizaciones gremiales, asociaciones de refugiados, asociaciones vecinales, grupos de apoyo a la mujer, grupos de resistencia… En este amplio y variado apoyo radica buena parte de la fuerza de la campaña BDS. Analicemos estas fortalezas:

  • Es una campaña que surgió del propio pueblo palestino. Es la población palestina la que pide al resto del mundo no sólo que la ayude, sino que le dice también cómo ayudarla. Se contrarresta el peligro, en el que tantas veces se cae, de una “solidaridad colonialista”, en la que desde el Primer Mundo se decide cómo tiene que ser la lucha, qué es lo mejor para los pueblos que buscan su libertad, etc.
  • Es una campaña que engloba a todo el pueblo palestino, tanto a las cinco millones de personas que viven en la Palestina Histórica como a las seis millones de personas exiliadas.
  • Es una campaña que aglutina a diferentes sensibilidades políticas y sociales en torno a unos objetivos comunes. La campaña BDS supone un elemento de unidad para el pueblo palestino, tantas veces lastrado por una profunda división que le ha llevado, incluso, al enfrentamiento armado.
  • Es una campaña profundamente democrática, en la que vale tanto la opinión de una pequeña asociación gremial como la de un gran partido político. Las entidades que forman la campaña se organizan en el Comité Nacional Palestino para el BDS, órgano rector del movimiento creado en 2007. Esta concepción democrática de la campaña también es de suma importancia dado el descrédito y deslegitimación ante la población palestina de instituciones como la Autoridad Palestina o de los principales partidos como Fatah o Hamás.

 

2.- ¿Qué piden estas organizaciones en su Llamamiento?

Como hemos citado con anterioridad, estas organizaciones piden boicot, desinversión y sanciones contra el Estado de Israel. Analicemos por separado cada una de estas peticiones:

  • Boicot. Se pide el boicoteo a los productos y servicios de empresas israelíes, tanto públicas como privadas. También a aquellas firmas no israelíes que comercian de forma habitual con el Estado de Israel. Esta medida incluye también el boicot a productos culturales, instituciones académicas y equipos deportivos. Más adelante trataremos este punto de forma extensa.
  • Desinversiones. Presión a entidades bancarias, fondos de inversiones, fondos de pensiones y en general cualquier órgano de inversión financiera para retirar sus activos de empresas israelíes o de otra nacionalidad que mantengan relaciones habituales con el Estado de Israel y sus empresas.
  • Sanciones. Presión a gobiernos y organismos internacionales para la imposición de medidas punitivas al Estado de Israel.

 

 

3.- ¿Con qué finalidad se piden estas medidas contra el Estado de Israel?

Como reza el Llamamiento, el objetivo de las medidas de boicot, desinversiones y sanciones contra el Estado de Israel es que éste “cumpla con el Derecho Internacional y con los Principios Universales de los Derechos Humanos”.

 

Como vimos al principio, estos objetivos se refieren a las tres grandes áreas de la cuestión palestina y a las principales disposiciones internacionales que las afectan:

  • Los territorios ocupados de Jerusalén Este, Gaza y Cisjordania y el cumplimiento de la resolución 242 de Naciones Unidas sobre la retirada israelí de estas zonas.
  • El millón y medio de personas palestinas que viven dentro de las fronteras del Estado de Israel y las disposiciones de Naciones Unidas contra el Apartheid.
  • Las seis millones de personas refugiadas, la resolución 194 de Naciones Unidas que reconoce su derecho al retorno y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que también garantiza este regreso.

 

Se trata de unos objetivos absolutamente de mínimos. No se entra en cuestiones más profundas como la configuración territorial, la posibilidad de un estado o dos estados, un futuro ordenamiento político… Son unos principios muy básicos que cualquier gobierno de las democracias parlamentaristas –Estados Unidos, Canadá, Japón, Unión Europea- tiene que admitir y apoyar. No sólo eso, cualquiera de los grandes partidos de estos países también están obligados a asumir estos objetivos si quieren ser coherentes con su discurso formal: republicanas y demócratas en Estados Unidos; conservadoras y laboristas en Gran Bretaña; Partido Socialista y Partido Popular en el Estado español; la Democracia Cristiana y las socialdemócratas del SPD en Alemania; gaullistas y socialistas en Francia…

 

La estrategia de fijar unos objetivos generalistas imposibles de refutar por los principales actores de la escena internacional también está basada en el bloqueo internacional contra el Apartheid sudafricano. Aquella campaña pedía simplemente un derecho tan básico como la igualdad entre todas las personas con independencia de su raza.

 

4- ¿A quién se dirige el Llamamiento?

Más allá de un genérico “a toda la ciudadanía de buena voluntad”, es obvio que el Llamamiento de la campaña BDS está dirigido a todas las organizaciones internacionales que apoyan la lucha del pueblo palestino. Ésta es una de las características que define a la campaña BDS: la iniciativa surge del pueblo palestino pero son las sociedades de otros países –especialmente las de aquellos que más relaciones tienen con Israel- las encargadas de llevarla a cabo si se quiere que tenga alguna efectividad.

 

Además, la fuerza de cualquier acción de boicot radica en que se haga de forma organizada, tanto su planificación y ejecución como su posterior difusión. Un boicot meramente individual denota un alto grado de concienciación por parte de quien lo lleva a cabo pero su efectividad es nula. La campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el Estado de Israel es una iniciativa organizada, conjunta y global, con unos objetivos claros y unos mecanismos bien definidos para lograr estos objetivos.

 

El Llamamiento al BDS es acogido con gran entusiasmo por prácticamente todas las organizaciones internacionales de apoyo al pueblo palestino y se empiezan a crear grupos de BDS en multitud de países. Las organizaciones han visto que la campaña BDS es un instrumento eficaz en la lucha por la liberación palestina y su aplicación logra resultados concretos.

 

Sidumo Dlamini, presidente de la Confederación Sudafricana de Sindicatos y destacado activista contra el régimen segregacionista, afirmó en su visita a Valladolid en 2010 para participar en un congreso sobre BDS que la campaña había logrado más éxitos en sus primeros cinco años que la campaña por el bloqueo internacional al Apartheid sudafricano en sus 20 años iniciales.

 

Pero la prueba que demuestra de forma más rotunda la validez y la eficacia del BDS es la ley aprobada en junio de 2011 por el Parlamento de Israel por la que se penaliza a todas aquellas personas y organizaciones israelíes que promuevan la campaña de BDS o, simplemente, la apoyen. La aprobación de una ley de estas características es algo imposible de encajar en un estado democrático e invalida –junto a otras muchas leyes- la pretensión de Israel de autotitularse no sólo como la única democracia de la zona, sino ni siquiera como una democracia.

 

ALGUNOS EJEMPLOS DE BOICOT, DESINVERSIONES Y SANCIONES CONTRA EL ESTADO DE ISRAEL*

La acción de boicot, desinversiones y sanciones más importante realizada hasta el momento ha tenido como objetivo Veolia, multinacional francesa dedicada al transporte, a servicios medioambientales y a otros muchos sectores. Veolia fue una de las empresas adjudicatarias de la construcción de una línea de tranvía en Jerusalén. El proyecto contemplaba que el tranvía se extendiera por Jerusalén Este uniendo diversos asentamientos ilegales. El trayecto, en consecuencia, viola los artículos de la Convención de Ginebra que prohíben a la potencia ocupante la construcción de infraestructuras que alteren la demografía y orografía del territorio ocupado. Además, el tranvía contribuye a consolidar la presencia de las colonias ilegales en territorio palestino.

 

La presión del activismo internacional no se dirigió tanto a Veolia como a los bancos y fondos de inversión y pensiones que invertían en la firma, muchos de los cuales vendieron sus activos y participaciones, especialmente fondos de Holanda, Suecia y Dinamarca. Estamos pues ante un caso claro de desinversión.

 

También se presionó a gobiernos y entidades regionales y locales. Veolia perdió un contrato de 3.500 millones de euros para gestionar el metro de Estocolmo. Asimismo, fue excluida de concursos para la construcción de grandes obras de infraestructura en Irán, Arabia Saudí y otros países y perdió otros contratos en Francia, Gales, Inglaterra, Irlanda y Australia.

 

Como resultado directo de esta acción de boicot, Veolia ha puesto a la venta sus acciones en la compañía creada para la construcción del tranvía de Jerusalén.

 

Hay multitud de ejemplos más referidos a productos como el Agua Eden, las patatas LZR comercializadas por Mercadona, pero prefiero centrarme en ejemplos de boicot cultural.

 

Las acciones de boicot cultural, académico o deportivo son las más polémicas. De hecho, muchas personas que simpatizan con los movimientos de apoyo al pueblo palestino y con la campaña BDS no tienen claro que estos sectores puedan ser objeto de boicot o, incluso, lo ven radicalmente injusto. Todo el mundo asume que se puede boicotear a una patata, pero no ocurre así con un concierto o con un partido de baloncesto.

 

A esta confusión contribuye la concepción generalizada –y errónea a mi modo de ver- del arte, el conocimiento o el deporte como actividades completamente disociadas de la política y de los conflictos, elevadas y etéreas, que unen a las personas y a los pueblos en lugar de separarlos. Bajo este concepto, artistas, deportistas o académicas serían una suerte de “embajadoras de buena voluntad” cuya inocencia en el sometimiento del pueblo palestino está fuera de toda duda.

 

En primer lugar, en este sistema capitalista radical el arte y la cultura –y sus derivados el ocio y el espectáculo- o los deportes son, ante todo, un enorme negocio que mueve miles de millones de dólares y que permite el lucro, básicamente, de unas élites empresariales y financieras. En este sentido, un concierto o un partido de fútbol tienen la misma dimensión económica que un tranvía, el agua Eden o las patatas LZR.

 

En segundo lugar, la cultura y el deporte tienen una enorme carga propagandística e ideológica. Eso lo han sabido ver todos los regímenes, imperios y sistemas de gobierno de cualquier época, desde el Antiguo Egipto o la Roma imperial hasta el nazismo o, en nuestra época, Estados Unidos con la propagación de su American Way of Life. La cultura, los acontecimientos deportivos o la ciencia se han utilizado para impresionar, dominar, avasallar, establecer supremacías… No estaríamos hablando entonces de actividades inocentes o etéreas, sino más bien de todo lo contario: poderosísimas armas de dominación.

 

¿Qué objetivo persigue el Estado de Israel con estas armas? El objetivo de la “normalización”. Este concepto de “normalización” es muy importante dentro de la estrategia sionista de apropiación de la mayor parte de tierra palestina con el menor número de población autóctona posible. Por “normalización” se entiende la pretensión israelí de proyectar una imagen de similitud con los estados de corte occidental, democráticos, respetuoso de las libertades políticas y de los derechos individuales y con un alto grado de sofisticación cultural, tecnológica, científica… Esta imagen, por supuesto, estaría en contraposición con los países árabes de su entorno considerados, siempre según el relato propagandístico de Israel, bárbaros, primitivos y criminales. De nuevo nos encontramos con el argumento de que Israel es la única democracia de Oriente Próximo.

 

Cultura, espectáculos, deporte y ciencia son las armas fundamentales para la propagación del concepto de “normalización” del Estado de Israel.

 

 

Israel pone en práctica esta estrategia desde la declaración unilateral de su Estado. Pueblos y barrios árabes arrebatados por la fuerza a la población palestina fueron destinados a “colonias de artistas”. Se trasladaron allí pintoras, escultoras, orfebres, artesanas… De esta forma, se mostraba al mundo que el joven estado no está compuesto sólo por militares, obreras o agricultoras, sino también por creadoras y artistas. Espíritus elevados, en definitiva. Además, hay una perversa iconografía al ubicar estas colonias en casas y edificios tradicionales árabes en lugar de demolerlos, como suele ser su práctica habitual, y construir inmuebles de nueva planta. Parece como si quisieran decir al mundo: “Nosotros sí que aprovechamos bien estas casas pintorescas, estas aldeas, no como las árabes que vivían aquí con anterioridad”. Esas colonias, por supuesto, siguen existiendo: Ein Hod, Safed, Yaffa…

 

El propio Estado de Israel no oculta la utilización que hace de la cultura. Tras la Masacre de Gaza de 2008 y 2009, en la que Israel asesinó a cerca de 1.500 personas, de ellas más de 400 eran niñas y niños, el Ministerio de Asuntos Exteriores destinó dos millones de dólares para mejorar la imagen de Israel a través de la cultura y los espectáculos.

 

En marzo de 2009, tan sólo dos meses después de la Masacre de Gaza, Arye Mekel, director general de Asuntos Culturales del Ministerio de Asuntos Exteriores, declaraba lo siguiente a The New York Times: “Enviaremos por todo el mundo a nuestras novelistas y escritoras más conocidos, compañías de teatro, exposiciones… De esta forma mostraremos el rostro más amable de Israel y evitaremos que se nos identifique únicamente en un contexto de guerra”.

 

De hecho, en estos dos últimos años la presencia de artistas e intelectuales israelíes en el Estado español se ha incrementado significativamente, con la inestimable ayuda de la Casa Sefarad, órgano de legitimación y de normalización del sionismo en el Estado que, curiosamente, pertenece a la Administración española. Es decir, que con los impuestos de toda la ciudadanía se subvenciona la normalización de la ocupación.

 

Ejemplos de boicot en el Estado español a artistas y espectáculos de Israel

Jerusalem String Quartet: cuarteto de música clásica que toca habitualmente para el Ejército de Israel y en embajadas israelíes y que tiene un fuerte apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores. Sus actuaciones fueron interrumpidas en Londres y Edimburgo. El cuarteto reaccionó denunciando a los grupos de boicot por “antisemitismo”, estrategia habitual del sionismo para atajar cualquier crítica.

 

Noa: cantante que en un principio parece mantener un mensaje de conciliación entre israelíes y árabes, pero que no dudó en apoyar la Masacre de Gaza de diciembre de 2008 y enero de 2009, en la que, como ya hemos dicho, el Ejército asesinó a cerca de 1.500 personas, entre ellas más de 400 niñas y niños. Su actuación en los actos oficiales de la Diada de Catalunya de 2009 fue interrumpida por un grupo de boicot.

 

Mayumaná: este grupo de danza es la quintaesencia de la imagen que quiere transmitir Israel: moderno, alternativo, joven, divertido… Sus espectáculos tienen una gran acogida entre el público joven. Sin embargo, pocas personas saben que su local de ensayo está en el centro árabe de Jaffa, convertido en una de esas colonias de artistas de las que antes hablábamos previa expulsión de más de 50.000 personas en lo que constituye un acto de limpieza étnica.

 

La legitimidad del boicot en estos ejemplos es evidente. Vamos a ver un caso más complicado: la Orquesta del Diván de Oriente y Occidente, fundada y dirigida por Daniel Baremboin y cuyos miembros son la mitad árabes y la mitad israelíes. La Orquesta tiene como objetivos, y cito textualmente de su página web, “el conocimiento y la comprensión entre personas que han sido tradicionalmente rivales” y se define no sólo como un proyecto musical sino como un foro “para el diálogo y la reflexión sobre el problema palestino-israelí”.

 

Continúo leyendo: “La Orquesta del Diván de Oriente y Occidente ha demostrado una y otra vez que la música puede derribar barreras que antes se habían considerado insuperables... Por medio de su trabajo y de su existencia, la Orquesta del Diván de Oriente y Occidente demuestra que se pueden construir puentes para animar a las personas a escucharse unas a otras”.

 

A estos objetivos en principio encomiables hay que sumar el hecho de que uno de los fundadores de la Orquesta fue el gran intelectual palestino, ya fallecido, Edward Said, luchador incansable por la libertad de su pueblo y nada sospechoso de colaborar con el sionismo.

 

¿Cómo justificamos entonces el boicot con esta iniciativa? Expongo los argumentos que da el PACBI, la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural de Israel, argumentos muy pertinentes a mi modo de ver.

 

La Orquesta del Diván de Oriente y Occidente reduce lo que es un problema de colonialismo, de ocupación, de sometimiento de un grupo humano a manos de otro a simplemente un tema de falta de entendimiento, de comprensión, de barreras que hay que destruir y puentes que hay que construir. Establece una falsa simetría y equidistancia, un falso equilibrio entre dos partes en apariencia iguales cuyo problema es la falta de entendimiento y una supuesta rivalidad histórica. Ya no hay ocupantes ni ocupadas, colonizadoras y colonizadas, invasoras e invadidas, por tanto, se invisibiliza el verdadero problema que no es otro que la ocupación israelí.

 

Como argumenta el PACBI, no puede haber simetría entre opresora y oprimida, no puede haber paridad moral entre colonizadora y colonizada. El caso de la Orquesta del Diván puede, además, aplicarse a otras iniciativas similares que se presentan como una colaboración “neutral” o “no política” entre israelíes y palestinas y que en el fondo ocultan la verdadera raíz del problema.

 

El boicot cultural no es sólo hacia las artistas, sino también hacia la población israelí entendida como público o audiencia. El BDS hace un llamamiento a artistas de todo el mundo para que no actúen en Israel. Han cancelado conciertos Elvis Costello, Santana, Pixies, Gorillaz, Klaxons… En otras ocasiones no ha habido éxito, como en el caso de los llamamientos a Enrique Iglesias, Elton John o Leonard Cohen. Éste último también quiso jugar a la equidistancia, programando dos conciertos, uno en Tel Aviv y otro en Ramallah, y presentando ambos espectáculos como un gesto de paz. Con mucha coherencia, desde Palestina se le informó de que lo consecuente sería cancelar el concierto en Tel Aviv y celebrar el de Ramallah. En caso contrario, el recital de Ramallah tendría que ser cancelado como finalmente así fue.

 

Y finalmente, un caso que podríamos calificar de aberrante. La Oreja de Van Gogh llevó a cabo una serie de actuaciones en Israel en una gira organizada por la Casa Sefarad. Es decir, una gira organizada con el dinero de los impuestos de toda la ciudadanía del Estado español.

 

En su página web, el grupo repetía los argumentos de “neutralidad”, “apolíticos”, “entendimiento”, “tender puentes” y aseguraba que no le importaría actuar en Palestina, como si no estuviera ya en la Palestina histórica. Pero lo peor es que muestra imágenes del grupo en lugares como el Muro de las Lamentaciones indicando en el pie de foto que están en Israel en lugar de en el Jerusalén Este ocupado, como dictaminan todas las resoluciones internacionales. Esta desinformación, no sabemos si consciente o no, llega al público de La Oreja, en su mayoría joven y poco familiarizado con el problema de Palestina, asumiendo estas falsedades como si fueran ciertas.

 

Y ya que hemos hablado de Elton John, destacado activista de la causa homosexual, es el momento de hablar del boicot a la manipulación del movimiento gay que hace el Estado de Israel.

 

En efecto, Israel se presenta como un Estado no solo tolerante con los derechos de las personas homosexuales, sino que apoya explícitamente a los movimientos gays, subvencionando sus actividades, fomentando el asociacionismo y convirtiendo a Tel Aviv en una de las grandes capitales gay. El Estado de Israel publicita constantemente esta supuesta tolerancia en contraposición a los países de la zona, donde estas personas son reprimidas, encarceladas y en muchas ocasiones asesinadas. Nuevamente nos encontramos con el relato de un Israel democrático aislado en un océano de regímenes bárbaros y dictatoriales.

 

Israel es un caso flagrante de lo que las personas activistas del movimiento homosexual denominan “washing pink” o “enjuague rosa”, utilizando las justas demandas de este movimiento para ocultar la ocupación.

 

En julio de 2009, el cantante gay israelí Ivri Lider, contratado para actuar en el Día del Orgullo Gay de Madrid, hacía estas declaraciones a El País: “Israel tiene mucho más que el problema palestino. Es divertido, hace un tiempo estupendo, hay playa…”. Nuevamente la normalización y la invisibilización de la ocupación, a la que se califica simplemente como “problema palestino”.

 

Las organizaciones gays parecen haberse dado cuenta de esto y están reaccionando. En 2010, el Orgullo Gay de Madrid prohíbe la participación de una carroza del Ayuntamiento de Tel Aviv en protesta por el abordaje a la Flotilla de la Libertad y el asesinato de nueve de sus activistas.

 

Finalmente, voy a poner un ejemplo de mala praxis del boicot. En 2009, el desaparecido Ministerio de Vivienda expulsó a la Universidad de Ariel de la final de un concurso de proyectos arquitectónicos. Argumentaba el Ministerio que Ariel es una colonia situada en territorio ocupado y el Gobierno de España no reconoce la legalidad de la colonización.

 

Este argumento nos hace suponer que si esa universidad estuviera situada en el autoproclamado Estado de Israel no habría sido boicoteada, ignorando el papel protagonista de las universidades israelíes en la ocupación, tanto proporcionando argumentación ideológica como a través de investigación militar y bélica.

 

PUESTA EN MARCHA DE UNA CAMPAÑA BDS. EL EJEMPLO DE VALLADOLID

Intentaré explicar, aunque de una forma muy simplificada, cómo se puede poner en marcha una campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el Estado de Israel en una ciudad tipo medio del Estado español y recurriré a la experiencia de Valladolid: cerca de 400.000 habitantes entre el municipio y sus ciudades-dormitorio, una ciudad no especialmente concienciada ni informada sobre Palestina y cuyas preocupaciones giran más en torno a asuntos domésticos como el trabajo, la sanidad o los transportes que el activismo internacionalista.

 

Antes de ver el ejemplo de Valladolid hay que tener en cuenta que el Comité Nacional de BDS deja libertad –dentro de unos límites- a las organizaciones para implementar la campaña de acuerdo a las características del territorio en el que operan y de las propias organizaciones. No puede ser lo mismo una campaña de BDS en Madrid o Londres que en Medina del Campo, provincia de Valladolid.

 

En primer lugar, hay que analizar las fortalezas de cada organización o conjunto de organizaciones decididas a poner en marcha una campaña de BDS:

  • ¿Con cuántas organizaciones se cuenta y dentro de ellas con cuántas personas realmente activas?
  • ¿Simpatiza el entorno social con la causa palestina o, al menos, no está frontalmente en contra?
  • Disponibilidad económica, teniendo en cuenta que los actos de BDS pueden conllevar sanciones
  • Disponibilidad de asistencia jurídica, teniendo en cuenta que es muy posible que haya denuncias y juicios
  • Conexiones políticas, sindicales, partidistas, empresariales y culturales
  • Relación con los medios de comunicación locales de cara a informar sobre los actos de la campaña

 

Un análisis adecuado de estas fortalezas permitirá diseñar una campaña que puede ir desde lo más sencillo, como es la sensibilización e información a la ciudadanía, hasta acciones directas de boicot.

 

Tras este análisis es importante seleccionar los objetivos. En una economía global y en un mundo global, los productos, empresas y personas susceptibles de boicot se cuentan por centenares. Por tanto, hay que optar para un objetivo muy concreto y que tenga una fuerte carga simbólica. Es absurdo, además de imposible, pretender un boicoteo a todos los productos.

En Valladolid la campaña se lleva a cabo a través de la Plataforma Solidaria con Palestina, que engloba a una veintena de organizaciones, sindicatos, partidos políticos, asociaciones y también a personas a título individual. Se eligió el agua Eden, empresa de agua embotellada que surte a empresas y edificios públicos y que se crea en los territorios ocupados sirios de los Altos del Golán.

 

En primer lugar se realizó el mapa de los lugares de la ciudad en los que había máquinas con bombonas de agua Eden. El mapa se ha ido trazando con información facilitada a través del correo electrónico por personas que están en las organizaciones de la Plataforma.

 

Se selecciona una empresa o institución pública y se contacta con sus directivas y responsables. El contacto puede ser bien directo o a través de su plantilla de trabajadoras, vía comité de empresa, representante sindical o simplemente cualquier persona trabajadora a la que conozcamos y que esté en sintonía con la campaña. Recomiendo esta segunda opción, que sea la propia plantilla la que pida la retirada del agua y su sustitución por otra.

En este contacto se explica a la empresa o institución los motivos por los que se retira el agua y se le entregan dos documentos: una ponencia en la que se explica por qué la firma Eden conculca la legislación internacional y es parte de la ocupación y el fallo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que dictamina que los productos de las colonias no pueden estar incluidos en el trato aduanero preferencial establecido en el Tratado Unión Europea-Israel.

 

Además, se les facilita un listado de empresas suministradoras de agua bajo los criterios de cercanía, potenciación de la economía local y sostenibilidad. Frente a una posible preocupación por las pérdidas de puestos de trabajo, se argumenta que los posibles empleos que se puedan perder por un lado se crearán por otro, ya que no desparecerán los pedidos de agua sino que se sustituirá una marca por otra.

La campaña ha conseguido que se retire Eden de los ayuntamientos de Tudela de Duero, Cigales y Villanueva de Duero, del campus de la Universidad de Valladolid en Palencia y de la Escuela de Enfermería.

 

Habíamos conseguido, por tanto, la primera fase de los objetivos, pero faltaba la segunda, igual o más importante sin la cual lo logrado no serviría de nada: la difusión del boicot tanto a nivel nacional como internacional. La campaña BDS no sirve de nada si no se conocen sus logros. En esta sociedad de la hiperinformación cada vez es más cierto que aquello que no sale en los medios no existe, con una novedad: ahora esos medios no son sólo los grandes medios de comunicación de masas capitalistas sino toda la red social que se ha conformado en Internet.

 

Hemos de tener en cuenta que el daño económico que se le hace a Israel por la retirada de Eden de estos lugares de Valladolid es ínfimo. Ni siquiera si consiguiéramos que desapareciera la marca de toda la provincia. El verdadero daño se le hace en términos de desprestigio de su imagen pública, que el capital no vea a Israel ni a sus empresas como valores seguros en los que invertir. Por eso es tan importante el boicot en sí como su difusión.

No siempre se consiguió el éxito. El fracaso llegó por donde menos lo esperábamos. Tanto UGT como Comisiones Obreras tienen agua Eden en sus respectivas sedes en Valladolid y también en otras provincias de Castilla y León. Sus dirigentes argumentaron la pérdida de puestos de trabajo para no retirar las bombonas.

 

La retirada de Eden de las sedes sindicales sigue siendo un objetivo. No obstante, desde la Plataforma se llevará a cabo en este curso una estrategia diferente. Se acudirá a las bases más concienciadas de UGT y CCOO para que presiones ellas directamente a sus representantes.

 

En lo que respecta a la sensibilización, se han llevado a cabo diversas conferencias y charlas en torno al BDS. Entre estas destaca el congreso que se realizó en marzo de 2010 en las cuatro universidades públicas de Castilla y León –Burgos, León, Salamanca y Valladolid- bajo el título “¿Qué respuesta puede dar la universidad frente a la violación de derechos humanos en Israel y los territorios ocupados palestinos?”. Hay que señalar la importancia de que se celebrara en las cuatro universidades públicas de la comunidad y también el alto perfil de las personas expertas que intervinieron, entre las cuales me gustaría citar al sindicalista sudafricano y luchador anti-Apartheid Sidumo Dlamini, al que ya mencioné con anterioridad.

 

Por cierto, hay que decir que la respuesta sionista fue inmediata y contraatacó con una jornada en la Universidad de Valladolid sobre las relaciones entre Israel y la Unión Europea, en el marco de la cual se presentó el libro “Un estado judío y democrático”. Buena señal: el BDS les preocupa y mucho.

Por último, en cuanto al boicot a espectáculos culturales procedentes de Israel, cada vez más frecuentes en nuestra ciudad en virtud de esa estrategia que veíamos antes puesta en marcha tras la Masacre de Gaza, señalar que por el momento no hemos llegado al punto en el que sea conveniente parar una actuación.

 

Lo más probable es que el público se pusiera en contra del grupo de Boicot, con lo cual se conseguiría el efecto contrario al buscado: simpatía hacia el Estado de Israel y rechazo a la causa palestina. Por otra parte, en la Plataforma Solidaria con Palestina de Valladolid no disponemos de recursos económicos para afrontar una multa o un juicio.

Pero lo que sí hemos hecho puntualmente son manifestaciones de protesta ante los lugares en los que actuaban Noa, Daniel Baremboin, Jerusalem String Quartet, Mayumaná y La Oreja de Van Gogh. Es importante porque se informa a la gente y, sobre todo, rompe la normalidad que se pretende con estas actuaciones. Al menos la gente se tiene que preguntar qué es lo que pasa con Noa o con Baremboin para que estén estas personas en la puerta protestando. Hay que romper el silencio y la estrategia de la normalización que busca Israel. Además, en algunas ocasiones obligamos a estos artistas a pronunciarse sobre la ocupación a través de las preguntas que trasladamos a periodistas amigas o afines: la palabra frente a la estrategia del silencio.

 

Espero que el ejemplo de Valladolid os sirva para impulsar la campaña en vuestros territorios y desde aquí os animo a poner en práctica éstas y otras medidas, en el convencimiento de que la estrategia de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el Estado de Israel es un poderosísimo instrumento en la lucha por la libertad del pueblo palestino. Muchas gracias.

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