Mujer

La historia de la mujer palestina no se puede explicar sin tener en cuenta su condición de palestina. Esto, aunque obvio, resulta determinante para la situación actual de la mujer en ese país árabe, tan castigado por la ocupación y la violencia. La mujer palestina ha destacado siempre por su activismo y su papel en la lucha contra la ocupación israelí, así como por su fortaleza.

Tradicionalmente el papel de la mujer palestina, como el de la mujer árabe en general, se ha limitado al ámbito privado y familiar. Sin embargo, la condición excepcional de Palestina hizo que sus mujeres tuvieran que salir de ese ámbito para jugar un papel activo en el movimiento de liberación nacional. Pero pronto se dieron cuenta de que liberación nacional no era necesariamente sinónimo de liberación social.

Durante la primera Intifada la mujer palestina salió del ámbito doméstico para participar junto a los hombres en el levantamiento popular, en los movimientos de resistencia y desobediencia civil y en las manifestaciones. A falta del hombre, el número de mujeres que trabajaban fuera de casa se incrementó sustancialmente. Esta nueva visibilidad de las mujeres provocó el crecimiento de una conciencia entre ellas de la necesidad de generar un debate público sobre los derechos de la mujer.

En este contexto, el número de asociaciones de mujeres, que tradicionalmente habían sido de carácter asistencial y caritativo, empezó a aumentar. Estas organizaciones estaban caracterizadas por estar ligadas a organizaciones políticas y se encargaron de organizar, sensibilizar y formar a las mujeres. Además abrieron nuevos espacios de discusión, abordando temas como la violencia de género. En 1964, año de la fundación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), se creó la Unión General de Mujeres Palestinas (GUPW en sus siglas en inglés), una organización de masas ligada a la OLP que más tarde se dividiría en varios comités de diferente carácter.

A principios de los años 90, con el inicio de los acuerdos de Oslo (1993), los pasos que habían iniciado las mujeres hacia su independencia social y económica se vieron truncados por el retroceso que supuso el inicio de las negociaciones ya que, una vez más, se volvieron a anteponer los intereses nacionales a la agenda de género.

Durante esa década, el endurecimiento de la represión y el empeoramiento de las condiciones debido a la guerra del Golfo fueron aprovechados por el Islamismo político para presionar a las mujeres a que retornaran a las estructuras tradicionales, altamente jerarquizadas y patriarcales. De esta forma el islamismo, en los últimos años, ha limitado la actuación pública de las mujeres a las asociaciones asistenciales y caritativas tradicionales de carácter local o regional, acotando su participación política y social a ámbitos más reducidos.

Pero cuando hablamos de la mujer palestina hay que tener en cuenta las diferentes condiciones de vida que existen en Cisjordania y en la Franja de Gaza. En la primera la situación de la mujer es mejor que en la segunda. La mujer cisjordana ha logrado alcanzar durante las últimas décadas una alta preparación profesional y una cierta independencia económica y social. Otro ejemplo de la importancia pública de la mujer en Cisjordania radica en el hecho de que la ciudad más importante y capital administrativa de los Territorios Palestinos, Ramala, tiene como alcaldesa una mujer, Janet Mikhail.

La mujer palestina ha sido y sigue siendo la depositaria del honor familiar, y padece una doble represión: por un lado la opresión política generada por la ocupación y, por otro, la violencia causada por una comunidad y un entrono patriarcales. Hoy en día, sin embargo, existe una conciencia cada vez mayor de que las reivindicaciones nacionales deben compatibilizarse con una agenda de género, ya que esa es la única manera de crear un estado palestino realmente democrático, justo y equitativo.

Los efectos de la ocupación israelí en la mujer

Uno de los efectos de la ocupación israelí es el control de movimiento de los palestinos, cuya libertad queda totalmente restringida a través de los cierres de caminos, los checkpoints, la denegación de permisos para ir de un sitio a otro, la construcción del muro del Apartheid que impide a muchos palestinos el acceso a servicios básicos como la atención sanitaria.

Estas restricciones de movimiento impuestas por el ejército israelí tienen numerosos efectos en las mujeres palestinas, especialmente en su salud reproductiva. Ejemplo de ello son los partos en los checkpoints, donde los soldados retienen habitualmente a las ambulancias impidiéndoles el paso y el acceso al hospital. Durante los cuatro primeros años de Intifada hubo 61 casos de partos en los puntos de control con el resultado de la muerte de 20 mujeres y 36 bebés.

La educación es otro de los aspectos que se ve afectado por la ocupación y que tiene un efecto negativo especialmente en las niñas y las adolescentes. Muchas familias previenen a sus hijas de ir a la escuela por temor a los checkpoints que tienen que atravesar para alcanzar el centro educativo y para evitar que sean humilladas en los puntos de control.

Por último cabe destacar los casos de detención y encarcelamiento de mujeres, resultado de las campañas de detención masivas realizadas por el ejército israelí tras el inicio de la Segunda Intifada en el año 2000. Según Addameer, una organización que presta apoyo psicológico y legal a los prisioneros políticos y a sus familias, a finales del 2004 el número de mujeres palestinas en prisión ascendía a alrededor de 120.

Las condiciones que tienen que soportar las mujeres palestinas en las cárceles israelíes no son mejores que las de los hombres: muchas mujeres son encadenadas durante horas, sufren intimidaciones, amenazas y humillaciones durante los interrogatorios, se les priva del sueño y a veces son golpeadas (algunas incluso han sufrido maltratos físicos delante de sus hijos) y raramente son informadas de los cargos que se le imputan o de la cárcel a la que se las llevan. La prohibición de las visitas de familiares se utiliza a menudo como forma de castigo, el uso del teléfono esta prohibido y el del correo es limitado.

Pero el hecho de ser una mujer presa, a parte de las dificultades del arresto en sí mismo, acarrea además para ellas un estigma cuando salen de prisión, todo lo contrario que los presos del sexo contrario, que son vistos como héroes. Ellas, sin embargo, tienen que soportar el repudio de la comunidad.